El argumento principal reside en la aceptación de un imperativo cosmológico amerindio no antropocéntrico de que el bosque puede ser tomado por las Ciencias Humanas como un sujeto histórico activo, productor de conocimientos, significados y comunicaciones, incluso si no son simbólicas o humanamente lingüísticas. Para ello, realizaremos una discusión bibliográfica teórica y antropológica de escritos etnográficos con el fin de sustentar la posibilidad de entender como epistemológicamente válida la existencia de una semiótica activa, que subyace al reconocimiento e intercomunicación entre humanos-animales, animales no humanos y otros reinos en la silvicultura de convivencia, entendiendo el propio bosque como una entidad subjetivamente constituida y autodeterminada. Para lograr tal comprensión, dividiremos nuestro escrito en dos partes. En el primero, estudiaremos la antropología de Eduardo Kohn sobre una semiótica de los bosques, que lega a los bosques un estatus de sujeto activo, como productores de conocimientos y lenguajes. En la segunda parte de nuestro artículo abordaremos el concepto de terricidio, tal como lo pensaron voceras del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir en el reclamo por el reconocimiento legal del asesinato de los bosques como un crimen atroz. Este proceso se establece precisamente al reconocer el carácter sagrado, individual, comunicacional, cognitivo y pensante de los bosques y su compleja red interrelacional de habitantes convivientes.